Vida, muerte y químicos: fresas y petróleo en los llanos de Oxnard, CA.

Escrito por Natalie Cherot, traducción por Colectivo Todo Poder al Pueblo

DEDICADO A JUAN DELGADO, QEPD

Trabajadores del campo en Oxnard (Alex Proimos)

Trabajadores del campo en Oxnard (Alex Proimos)

Gran parte de las fresas en Oxnard  se cultivan sobre un rico yacimiento de petróleo. Para las familias que viven entre los pesticidas y las perforaciones de la tierra, la causa de sus problemas de salud es un misterio doloroso.

Bienvenido a las arenas bituminosas de California.

OXNARD, California

Juan Delgado estaba impaciente y aventó sus notas.

“Juan Delgado falleció la semana pasada y quería decir unas palabras acerca de él y nuestra cultura, que considera la gente como piezas desechables de de la gran máquina de producción. Hare referencia a un artículo de Natalie Cherot, quien escribió una historia de la vida de Juan Delgado y la relación letal con compuestos químicos industriales. Cuando se exponen a los trabajadores a recoger nuestras cosechas y los niños que asisten a las escuelas junto a los campos agrícolas que permiten la aplicación del fumigante bromuro de metilo culpable de la pérdida de hígado nosotros estamos matando a Juan Delgado. Cuando permitimos el cancerígeno benceno y otros líquidos de la producción de residuos nocivos se inyecten en un viejo pozo al lado de un barrio residencial, nosotros estamos matando a Juan Delgado. Cuando permitimos que las compañías petroleras realicen la explosión de 10.000 a 20.000 barriles de cocción al vapor utilizando el producto químico a 2,500 pies bajo tierra, empujando a través del acuífero a las arenas de alquitrán a 300 grados Celsius para recoger unos barriles más de petróleo de calefacción, nosotros estamos matando a Juan Delgado Cuando permitimos que el agua en una cisterna de riego sea aplicada a un campo de brócoli, nosotros estamos matando a Juan Delgado. Cuando pensamos que 60 inspectores pueden vigilar 50.000 pozos de petróleo en California, muchos de los cuales sirven como pozos de inyección de residuos, nosotors estamos matando a Juan Delgado. Juan fue un amigo mío. Su muerte trajo lágrimas a mis ojos. Él no mereció morir porque luchaba por la vida. Qué trágica es nuestra existencia que nos condenan a los menos afortunados a sufrir así!” – Steve Nash

“¡Usted no está escuchando!”, dijo.

La comisión de planificación, acostumbrada a los ambientalistas enojados, mantuvo la calma.

“El Estado regulará,” dijo Brian Baca quien está a cargo de las concesiones de permisos para las compañías petroleras, las que permiten inyectar los terrenos del Condado de Ventura con productos químicos y vapor que con su calor funden la tierra.

Delgado, de 61 años, tiene la edad suficiente para saber que el Estado no va a regular. El Estado no reguló cuando su madre trabajaba demasiadas horas en la granja por poco dinero, desarrolló artritis y murió de cáncer. No regularon las industrias que probablemente mataron a su hermano, que respiró químicos la mayoría de sus 60 años y murió de cáncer de colon. El Estado no reguló cuando los productos químicos de un perforador se fugaron en el agua subterránea y arruinaron todo un campo de brócoli cerca de la casa de Delgado. El Estado tampoco reguló cuando un empleado de Chevron fue hervido vivo en un pozo. De hecho, mientras Delgado leía sobre esa horrible noticia, el gobernador de California presionaba para eliminar la regulación de la industria.

El otoño pasado Delgado estuvo en la comisión de planificación para abogar por límites a la cantidad de residuos, incluyendo el fluido de fracturamiento hidráulico de toda California y de las arenas de alquitrán que las compañías petroleras echan cerca de su casa. Pero incluso los límites que Delgado proponía serían inútiles, ya que para vigilar los 50.000 pozos en todo el estado de California solo hay 60 inspectores.

“Tienen todas estas leyes y permisos, ¿pero quién se encarga de salir al campo a revisar?”, preguntó Delgado.

Pronto volvió a sentarse. Los dolores eran más frecuentes y en poco tiempo su médico le diría que el dolor que Delgado había sentido era cáncer en el estómago. Así que las reformas que pide no son para él. Tampoco son para su esposa, Elvira, que en pocas semanas irá a recibir tratamiento por daño renal. En esta ciudad del químico cancerígeno benceno (que se usa en las arenas bituminosas) y del bromuro de metilo (para fumigar las fresas pero que destruye el hígado), sus problemas de salud presentan preguntas imposibles: ¿Fueron los pesticidas? ¿Fue el agua contaminada de los pozos de inyección? ¿Fue mala suerte?

Habrá más reuniones y Delgado estará allí. Tal vez si se presenta a suficientes reuniones sus nietos no tendrán que hacerse estas preguntas imposibles.

Lemonwood, es el vecindario de Delgado el cual  ha sido su hogar durante los últimos 30 años, Lemonwood esta en la fronteras de un bonito paisaje envenenado. Un vertedero de residuos de productos químicos de petróleo y gas al este, los pesticidas de la agricultura lo rodean, y al sur, están las arenas bituminosas. Cuando la niebla de la costa se evapora, desde una azotea de Lemonwood se puede ver casi todo el campo,  las lonas reflectoras sobre las fresas, los miles de taladros, y el gran cielo. “A veces hay humo color café, otras veces veo humo negro”, dice Delgado sobre los tractores agrícolas y el equipo de perforación cuyos gases de combustión continúan flotando por el aire como lo han hecho durante décadas. Un viejo pozo abandonado contamina el parque donde juegan sus nietos.

Oxnard, una pequeña ciudad a una hora al norte de Los Ángeles, tiene vistas de playas, montañas y llanuras que esconden una historia de degradación ambiental. En esta ciudad donde vivió César Chávez, defensor de los derechos civiles, los y las activistas han luchado durante mucho tiempo en contra de la industria sucia, la contaminación de residuos y la explotación de las y los trabajadores. Aquí es donde Delgado se crió entre boicots, marchas y largos días en los campos.

Delgado y sus cuatro hermanos nacieron en México. Se mudaron con su madre a Oxnard donde ella tuvo seis hijos más y los crió con su trabajo en la industria que le da a la ciudad su apodo: la capital mundial de las fresas. Los agricultores de California producen 9 de cada 10 fresas en los EE.UU., y el rico suelo de la llanura de Oxnard representa un cuarto de la industria que produce $2.6 billones para el estado. Chile, brócoli, frambuesas, tomates y otros productos también se producen en Oxnard.

Al igual que muchos inmigrantes mexicanos, Delgado y su hermano mayor, Francisco, empezaron a trabajar. “Yo pizcaba un cubeta grande de chile por sólo 20 centavos”, dice Delgado. Su trabajo significó estar expuesto diariamente a los pesticidas, razón que puede explicar porque el promedio de vida del trabajador agrícola es de 50 años. Actualmente los trabajadores usan pañuelos de algodón para cubrirse de los gases de bromuro de metilo, aunque la EPA prohibió el uso de estos gases por su peligro, los productores de fresas locales recibieron una exención de la prohibición.

Después Francisco comenzó a trabajar en el otro sector del centro de California: el petróleo y el gas. Oxnard tiene cientos de pozos que extraen petróleo y otros 55 que sacan de la tierra un sustrato de petróleo llamado betún. Betún, mezclado con arena y arcilla, es espeso y negro, y mejor conocido como arena bituminosa.

Como es tan espeso y difícil de extraer – y requiere grandes cantidades de vapor y químicos anticoagulantes – las empresas de energía prefirieron otras actividades, como el fracking para el petróleo, en vez de las arenas bituminosas de California. Pero cuando los precios del petróleo subieron a finales de los años 2000, todo cambió. Las arenas bituminosas se comenzaron a calentar, literalmente.

Luego, en 2010, los trabajadores del campo notaron algo extraño en el agua en un sistema de riego para un campo de brócoli. Parecía petróleo y olía extraño. La compañía agricultora determinó que se había roto un área de arenas bituminosas que pertenecían a la perforadora Tri-Valley. En un lugar donde las perforadoras de arenas alquitranadas están justo entre las hileras de cultivos de frutas y verduras, era inevitable que las dos se mezclaran.

IMAGE CAPTION: Los puntos amarillos representan pozos de petróleo. (CC-BY-SA-3.0)

Los puntos amarillos representan pozos de petróleo. (CC-BY-SA-3.0)

No muy lejos de la casa de Delgado se ven los camiones que transitan por la calle Wooley, una vía principal para los ingenieros petroleros y los trabajadores del campo y de las fresas. Ahora que él es un ecologista semi-retirado, pasa mucho tiempo viendo los camiones. Los contratistas petroleros tienen los logotipos de sus compañías en sus camiones, y los jefes llevan barriles de agua de cinco galones. “Los pimientos rojos están de temporada”, dice mientras un camión pasa retumbando, con cajas apiladas con verduras rojo brillante.

Después me cuenta sobre Francisco, su hermano, que pasó 38 años trabajando para la industria del petróleo. Nadie sabrá lo que le causó el cáncer de colon. La familia nunca ha participado en pruebas genéticas para determinar si es hereditario. Pero Francisco, un jugador de futbol​, siempre fue robusto – excepto al final. “Estaba tan flaco”, dice Delgado. Chevron, su patrón, pagó sus facturas médicas, que llegaron a más de $1 millón. Murió el 11 de julio de 2010, unos meses antes de que los trabajadores del campo descubrieran los productos químicos en el agua del brócoli.

 

Juan Delgado (Natalie Cherot)

Juan Delgado (Natalie Cherot)

Después de que se descubrió la fuga de químicos, Tri-Valley tardó casi 4 años limpiándolo. Mientras que la EPA investigaba, los trabajadores cosecharon todo el campo de brócoli y luego lo destruyeron.

El agua subterránea contaminada no se usó para tomar, pero eso no garantizó nada para Delgado ni los otros residentes: No ha habido seguimiento sobre el impacto del petróleo en el agua que fluye en la tubería de Oxnard, a pesar de que las perforadoras crean pozos profundos y pegados al agua subterránea y una ruptura podría contaminar un acuífero. (Ninguna de las empresas energéticas locales – Vaca Energy, Peak Operator y California Resources Corp., antes Vintage Petroleum – respondió para participar en este artículo.)

Tri-Valley se declaró en bancarrota en 2012 pero otras compañías aparecieron casi inmediatamente. La extracción de la arena de alquitrán – usando drenaje por gravedad – continuó. Los métodos que se usan inyectan de 10.000 a 20.000 barriles de vapor de agua con químicos hasta 2,500 pies bajo tierra, atravesando el agua subterránea municipal y calentando las arenas de alquitrán a 300° centígrados, que es cuando el petróleo está fundido lo suficiente para subir a través de las tuberías.

El agua humeante simplemente se deshecha mediante pozos de inyección y se sabe que esto puede ocasionar terremotos. En el peor de los casos, según una nota publicada por la EPA este mes, más de 2.000 pozos en todo el estado, incluyendo 2 en Oxnard, pueden estar inyectando desechos químicos directamente a las reservas subterráneas de agua limpia. (La regulación del estado es tan negligente que la comunidad no lo sabe a ciencia cierta, pero se está investigando cada deposito de  arena de alquitrán.)

A pesar de las preocupaciones, entre 2005 y el comienzo de este año, los funcionarios de California han tratado de eliminar las regulaciones para poder acelerar las perforaciones y el acceso a los terrenos. En el condado de Ventura, al que pertenece Oxnard, un grupo ecologista revisó correos electrónicos entre el gobierno y las empresas de petróleo y descubrió que un funcionario estaba aconsejando a los ejecutivos que eliminaran palabras como “fracking” de las solicitudes de permisos para evitar llamar la atención en audiencias públicas.

“Ellos no quieren detener la producción de  petróleo”, dijo John Brooks, un activista local.

Ni siquiera quieren detenerlo cuando ocurre una tragedia.

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Una torre de perforación de Vaca Energy expulsando vapor en las arenas bituminosas de Oxnard. (Sarah Craig/Faces of Fracking/CC BY-NC-ND 2.0)

Una torre de perforación de Vaca Energy expulsando vapor en las arenas bituminosas de Oxnard. (Sarah Craig/Faces of Fracking/CC BY-NC-ND 2.0)

La mañana del 21 de junio de 2011, David Taylor, un trabajador de Chevron de 54 años de edad, estaba revisando un pozo en el condado de Kern, al noreste de Oxnard. Se supone que el método de vaporización ocurre muy debajo de la superficie pero curiosamente el vapor salía del suelo. Cuando Taylor y dos compañeros fueron a ver, la tierra se abrió y lo jaló hacia un pozo lleno de sulfuro de hidrógeno y agua caliente a casi 90° centígrados. Un compañero dijo más adelante, “Otros trabajadores no pudieron reaccionar a tiempo para salvarlo de la caída.” Taylor se quemó vivo.

La División de Petróleo, Gas y Recursos Geotérmicos (DOGGR) del estado inició una investigación y encontró que aunque Taylor había evitado pisar el suelo húmedo, tantos años de vapor habían causado que la tierra seca del campo petrolero fuera  inestable.

Una foto del cráter tomada por un investigador muestra el casco de Taylor a un lado del pozo. Esa noche los trabajadores encontraron restos de Taylor alrededor de cinco pies bajo tierra. Sin embargo, los reguladores le permitieron a Chevron continuar la vaporización.

El 4 de agosto de ese año hubo una erupción violenta a 12 metros del pozo donde murió Taylor. Grandes rocas y un geiser de petróleo explotaron a 45 metros.

DOGGR restringió la vaporización a 90 metros alrededor de la zona. Menos de dos semanas después, el 17 de agosto, hubo otra explosión y el vapor estalló en el cielo. DOGGR amplió el radio a 240 metros, pero permitió a la perforadora continuar.  El vapor de agua y el aceite caliente se filtran y aceleran el reblandecimiento de los cráteres. A lo largo de septiembre y noviembre Chevron continuó su trabajo, entonces los empleados dijeron que la tierra tembló bajo sus pies.

En octubre, apenas cuatro meses después de la muerte de Taylor, en lugar de imponer nuevas regulaciones, el gobernador de California, Jerry Brown buscó permitir accesos directos a los reguladores para que los perforadores comenzaran más rápido con las inyecciones de vapor. El jefe del Departamento de Conservación, Derek Chernow, escribió una nota afirmando que ello sería ilegal. Una semana más tarde, Brown lo despidió.

Por la muerte de Taylor, la División de Seguridad y Salud en el Trabajo del Estado multo a Chevron por $ 350 dólares.

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Delgado vio la muerte de Taylor y la respuesta del Estado como prueba de que los burócratas de California no estaban interesados ​​en proteger a las personas de los perforadores de petróleo. Lo misma situación de vapor cíclico de Kern está sucediendo en el patio trasero de su casa.

Aquí los culpables no son Chevron, pero si las pequeñas empresas, con ejecutivos de Los Ángeles. Una de las activistas de Oxnard, una ex-monja llamada Lupe Anguiano, llama a los dueños de las perforadoras de arenas de alquitrán los “del pueblo de Beverly Hills.” Un operador de apellido Peak  es uno de esos perforadores. El productor de cine Pierre Caland inversor mayoritario de la empresa, es tal vez el único operador de petróleo en el mundo con una página de IMDb.

“Oxnard tiene el suelo más rico de la región. Es desgarrador ver que  Vaca lo está destruyendo “, dice Anguiano, en referencia a otra empresa que llegó al territorio una vez  ya controlado (y contaminado) por Tri-Valley cuando esta se  fue a pique.

Si no fuera por Delgado, la comunidad podría seguir en gran medida en la oscuridad acerca de las operaciones de Vaca.

Cuando la compañía Energética Vaca comenzó la extracción de petróleo, se hizo cargo de antiguos permisos en lugar de aplicar para los nuevos, evitando el escrutinio.  Delgado, se enteró de lo que estaba pasando viendo pasar a los camiones y hablando con los conductores.

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La activista Lupe Anguiano, izquierda, y la concejal Carmen Ramírez están cerca de los tanques de vapor. (Elaine Fragosa)

La activista Lupe Anguiano, izquierda, y la concejal Carmen Ramírez están cerca de los tanques de vapor. (Elaine Fragosa)

En 2010, agentes del FBI allanaron el ayuntamiento para investigar si los contribuyentes estaban pagando vacaciones a los funcionarios de Oxnard en Los Cabos y Manhattan. El escándalo se extendió y acabó con el viejo régimen. Nuevos líderes entraron, Carmen Ramírez, abogada de interés público y defensora de los trabajadores del campo, era una de ellas. En el Ayuntamiento,  ha empujado la agenda de salud pública y el medio ambiente.

Oxnard, dice, ha sido “una zona de sacrificio”, donde los acuerdos energéticos se hacen a expensas del aire y agua. Pero ahora ella cree que la ciudad ha “dado vuelta a una nueva página”.

La noche de la víspera de Navidad del año pasado, llamó a una reunión del consejo especial para abordar la construcción de una planta de energía, la cuarta en la ciudad de Oxnard. Invitó a Delgado y a Anguiano para hablar contra ésta.

Los y las habitantes hicieron cola para tomar la palabra por tres minutos en la tribuna, donde uno a uno exigieron el fin del desecho químico, de las bengalas de metano, los pesticidas, la fracturación hidráulica y así sucesivamente. Delgado se retorcía en su silla y cada posición parecía dolorosa. Él no estaba de humor para hacer frente al ayuntamiento. Esa noche solo escuchó y vió.

“Hay demasiados productos químicos aquí”, declaró un residente entre la multitud, después se levantó y salió de la reunión.

Después, se acercó Anguiano a Delgado y dijo: “Mi médico dice que si me enfermo ni siquiera sabría que anda por ahí que me hizo enfermar.”

“Esperemos que el nuevo administrador de la ciudad llegue para hacer milagros,” respondió Delgado.

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Trabajadores del campo en Oxnard (Steve Martínez / CC BY-NC-ND 2.0)

Trabajadores del campo en Oxnard (Steve Martínez / CC BY-NC-ND 2.0)

 

En realidad, el milagro se produjo a finales del año pasado, cuando las compañías petroleras desaceleraron su perforación por su cuenta. Y no tenía nada que ver con Ramírez, Anguiano, Delgado o los reguladores.

Entre diciembre y enero, un exceso de oferta mundial de crudo envió el precio a un nivel  tan bajo que causó perdidas  en toda la industria del petróleo de California. Las compañías petroleras y subcontratistas de los campos petroleros despidieron a los trabajadores y se retiraron las solicitudes de permisos de petróleo en todo el condado de Ventura. Sin los ingresos fiscales de las perforaciones, los gobiernos locales se encontraban en una situación de pánico; Kern, el condado donde Taylor murió, declaró una emergencia fiscal. El 19 de enero, el crudo alcanzó los US $ 47 por barril.

Sin embargo no hubo celebración. Ese mismo día, Delgado fue a su primera cita de quimioterapia. Una semana antes de la reunión en navidad a la que Ramírez lo invitó, el médico de Delgado le dijo que era un tumor en el estómago. Su pronóstico era malo.

Cuando me reuní con él a mediados de enero, cinco días antes de que su quimioterapia comenzara, un dispositivo le fue instalado quirúrgicamente en su pecho para inyectarlo. Si la exposición a sustancias químicas prácticamente desde su nacimiento había causado su cáncer, tal vez este nuevo veneno químico podría salvarlo.

“Ellos van a empezar mi fracking”, Delgado se ríe. Ahora a menudo  piensa en la muerte. “Quiero morir mientras todavía pueda cuidar de mí mismo”, dice. “Prefiero irme cuando yo todavía este caminando.” Mientras él esta enfermo está tratando de tomar su vida en sus manos en la medida que puede. Recientemente viajó a Las Vegas para ver a su nieta jugar en un torneo de fútbol.

Lo que sea que lo esté matando, Delgado duró más que la mayoría.

Natalie Cherot, PhD, es periodista en California.
Traducción por Colectivo Todo Poder al Pueblo.

Editado por Ben Wolford. Edición adicional por Jackie Valley.

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